sábado, 31 de julio de 2010

Una llamada al despertar.


Felices e ignorantes seguimos caminando sin aprender de los errores. Los renovados destellos del Rey Sol alumbran las sendas de la vida de estos Hombres Blandengues que olvidaron ser libres. Entiéndase Hombre no como género, sino como especie. Una especie expuesta a su propia exterminación. Nuestros hábitos y costumbres se han apoderado de nuestra mente. Bajo la etiqueta de un “nuevo marco cultural”, viejas y malvadas artimañas de persuasión y control social, se desarrollan en los despachos de esta delirante corporatocracia.

Sumisos y desesperados por el oscuro futuro incierto que nos aguarda hemos dejado de cuestionarnos lo qué hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos. Estamos siendo inducidos a llevar una vida de supervivencia, donde nuestro tiempo y el valor obtenido de su explotación no resultan rentables y satisfactorios para un Mercado que demanda competitividad y compromiso para afrontar los retos del nuevo modelo de desarrollo económico, laboral y social que lo alimenta y lo mantiene en el mismo lugar. Perpetuando así, la posición privilegiada que debe tener en nuestras vidas.

Inmersos en rutinas que nos intoxican y contaminan a diario hemos aprendido a olvidar y olvidado a preguntarnos acerca de nuestras propias capacidades y posibilidades de evolución como especie animal. El aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos, la indumentaria que usamos, la música que escuchamos, las películas que vemos y en general, cada producto que consumimos forman parte del proceso de control mental y social que viene desarrollándose desde los primeros tiempos de la civilización humana. Chemtrails, superovulación del vacuno, alimentos transgénicos con sus respectivos conservantes y colorantes, pandemias creadas o fluorización en el proceso de potabilización del agua son algunas de las pendejadas que nuestras élites monárquicas y políticas consienten y fomentan para nuestro bienestar, sin mostrar las verdaderas consecuencias sobre nuestra maquinaria física, nuestro cuerpo. Aquel que nos sustenta en cada momento, en cada viaje.

Una de las grandes diferencias de nuestra especie con respecto a las demás que habitan este planeta es que podemos imaginar, y por ende, crear. ¡Despertemos de este mal sueño! ¡Busquemos la realidad de los hechos que nos rodean! ¡Compartamos el conocimiento que albergamos! ¡Participemos de la construcción de nuestros sueños!... ¡Basta de secretos!

Tal vez seamos blandengues en un mundo enfermo. Expuestos a mensajes mediáticos que nos contaminan y manipulan. El odio, la inseguridad, la diferenciación son herramientas que nos subyugan a seguir caminando consintiendo las atrocidades que lentamente anudan nuestras articulaciones y puntos de equilibrio. Leyes que nos oprimen, obligan y dificultan el acceso, cada vez más, a la vida idílica que nos veden los medios de comunicación. Los símbolos que se nos muestran nublan nuestros ojos del horizonte del conocimiento y de su verdadera naturaleza. El arte y el deporte como poder y su consumo desenfrenado parece habernos vuelto más estúpidos e irracionales, pues todo ocurre delante de nuestras narices.

Mientras algunos se divierten a cargo de la servidumbre moderna, otros sufren y mueren por satisfacer esas mismas necesidades que nos hace puré y vulnerables a sus deseos. Estamos aprendiendo a romper esas cadenas que nos anclan y alienan. Porque mis sueños no caben en sus urnas.











lunes, 19 de julio de 2010

El despertar del Hombre Blandengue


En una sociedad donde la unidad mínima es la familia, en la cual experimentamos y desarrollamos nuestra primera etapa de socialización, es difícil presentarse ante ella con valores, sentidos y conceptos asimilados de manera diversa. Y es que son nuestras propias experiencias las que hacen formarnos y evolucionar como individuos. No me creo pues, poseedor de ninguna verdad absoluta, pero si de mi derecho a alzar mi voz y dejar constancia de aquello que mi libertad, moral y razón ha llegado a reflexionar y a considerar como valido, justo y coherente. Duele escuchar, después de tantos años separados, que la autoridad familiar prevalece y sostiene la verdad absoluta. Es grato escuchar la voz de la experiencia, pero no cuando intenta guiar el camino, no cuando uno carece de la experiencia propia. Puede ser que sea un Salvaje en esta jungla oprimida y utocensurada, pero no como los que describe Alonso de Santos en su obra homónima, pues ell@s carecen de sentido de comunidad, igualdad y fraternidad. Y a pesar de cohabitar ambos en esta sociedad líquida y hedonista, a diferencia de los personajes de Alonso de Santos, Yo creo en el entendimiento. Soy consciente de las oportunidades que desde la más alta estructura parental se me han ofrecido, la dedicación y el sacrificio hacia ellas, por ello lamento haber infravalorado o no haber sabido aprovechar al máximo todo el tiempo a ellas dedicadas. Pero el aprendizaje y lo asimilado, tanto en mis éxitos como en mis fracasos, es lo que han construido en mi Ser la necesidad de querer entender y ser entendido, de aceptar y ser aceptado, de respetar y ser respetado. La diversidad es lo que hace de esta aldea global una parábola maravillosa, y si no nos escuchamos y conocemos nuestros objetivos no habrá entendimiento, y por tanto la convivencia puede resultar algo escabrosa. Hablo de aceptación a pesar de imágenes, etiquetas sociales y prejuicios. Pues más allá de ocupar el escalón más bajo de la estructura organizacional piramidal denominada “familia”, soy una persona. Un ser que cuestiona las formas y métodos de organización verticales vigentes, cuyos mensajes escendentes deben ser considerados referentes e incuestionables. Son otros tiempos los que corren y acontecen. Ideologías que antaño se gestaron buscando la coherencia racional de un contexto determinado, han ido evolucionando a la par que el desarrollo social e industrial llegando a calar a todos los niveles sociales sin distinción de religión, género, etnia o poder adquisitivo. Gracias a aquellas personas, provenientes de clases honestas pero pudientes y que por su preparación académica fueron capaces de plantear nuevas fórmulas, hoy Yo, he podido tener acceso a ese conocimiento y generarme como librepensador. Se que en los momentos en los que la autocrítica hace su presencia no llueve a gusto de tod@s, ni en el mío propio, pues soy humano y de los errores aprendo. Pero debemos dejar constancia del sentido y objetivo de nuestros discursos y mensajes, pues el fin primario de la comunicación humana es el entendimiento sin prejuicios ni malentendidos, aunque hoy en día, inmersos en la sociedad del consumo, la persuasión a desplazado y destronado este valor hacia la sociedad del miedo, poder y olvido. Éste, es el despertar del Hombre Blandengue.