La reforma laboral que suponía la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en Europa ha generado el descontento social. Ahora, es España, la que expresa su rechazo. Antes, ya lo hicieron Grecia y Francia. Pero a pesar de las protestas multitudinarias nadie parece sentirse aludido.
Los rescates multimillonarios a bancos y cajas de ahorro han saqueado las arcas de los estados implicados en esta trama de corrupción global. Las instituciones y poderes públicos son consideradas empresas a las que sólo unas pocas personas privilegiadas pueden tener acceso, olvidando su priopia razón de ser. Éstas son quienes controlan y dirigen nuestras vidas, pues son quienes crean y deciden las leyes que nos esclavizan cada vez más. La libertad actual sólo es de carácter económico. Y si no hay un trabajo digno, no podrá existir una libertad, digna de ser llamada como tal.
El miedo que nos infunde la nueva realidad social, política y económica es rezonable y aceptable. ¿Quién no tendría pavor de perder todo aquello que con tanto tiempo, sudor y lágrimas consiguió?. Menos base de cotización, más tiempo acumulado de trabajo para poder acceder a la pensión mínima, congelación de sueldos. Y eso, sin contar la posible quiebra de las aseguradoras privadas, en manos también, de la banca. Lo cual, supondría la pérdida de las pensiones privadas. ¿Acaso no es para tener miedo?

Los medios de comunicación, proclamado el cuarto poder, ayudan al argumentode los discursos políticos actuando como simples relaciones públicas de las instituciones, en lugar de ejercer su función social y velar por el bienestar de los ciudadanos. Expecular sobre la necesidad o naturaleza de la voz del pueblo en las calles sólo hace más tenebrosos los hilos que dominan al mundo. Quizás, no todas las personas que habitan en España, compartan la postura que lleva a otras personas a proclamar por una vida digna. Pero hay que entender que aquí, la dictadura franquista y la perpetuación de sus valores a través de la implantación de la monarquía parlamentaria, cerró el ciclo de control mental necesario para una manipulación eficaz, ya que prevalecer las diferencias, en lugar de las similitudes debilitan nuestras almas. En fin, divide y vencerás. Pero más vale tarde que nunca, pues nunca se saben las consecuencias caundo el pueblo, una vez que se ha dado cuenta de su esclavitud, unísono se echa a las calles a clamar por su libertad. Término que todas las personas entienden, pero que casi ninguna es capaz de explicar con exactitud.
Los rescates multimillonarios a bancos y cajas de ahorro han saqueado las arcas de los estados implicados en esta trama de corrupción global. Las instituciones y poderes públicos son consideradas empresas a las que sólo unas pocas personas privilegiadas pueden tener acceso, olvidando su priopia razón de ser. Éstas son quienes controlan y dirigen nuestras vidas, pues son quienes crean y deciden las leyes que nos esclavizan cada vez más. La libertad actual sólo es de carácter económico. Y si no hay un trabajo digno, no podrá existir una libertad, digna de ser llamada como tal.
El miedo que nos infunde la nueva realidad social, política y económica es rezonable y aceptable. ¿Quién no tendría pavor de perder todo aquello que con tanto tiempo, sudor y lágrimas consiguió?. Menos base de cotización, más tiempo acumulado de trabajo para poder acceder a la pensión mínima, congelación de sueldos. Y eso, sin contar la posible quiebra de las aseguradoras privadas, en manos también, de la banca. Lo cual, supondría la pérdida de las pensiones privadas. ¿Acaso no es para tener miedo?

Los medios de comunicación, proclamado el cuarto poder, ayudan al argumentode los discursos políticos actuando como simples relaciones públicas de las instituciones, en lugar de ejercer su función social y velar por el bienestar de los ciudadanos. Expecular sobre la necesidad o naturaleza de la voz del pueblo en las calles sólo hace más tenebrosos los hilos que dominan al mundo. Quizás, no todas las personas que habitan en España, compartan la postura que lleva a otras personas a proclamar por una vida digna. Pero hay que entender que aquí, la dictadura franquista y la perpetuación de sus valores a través de la implantación de la monarquía parlamentaria, cerró el ciclo de control mental necesario para una manipulación eficaz, ya que prevalecer las diferencias, en lugar de las similitudes debilitan nuestras almas. En fin, divide y vencerás. Pero más vale tarde que nunca, pues nunca se saben las consecuencias caundo el pueblo, una vez que se ha dado cuenta de su esclavitud, unísono se echa a las calles a clamar por su libertad. Término que todas las personas entienden, pero que casi ninguna es capaz de explicar con exactitud.
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